domingo, 16 de diciembre de 2012

Texto de Presentación de Ficha Clínica de la Poeta Marcela Sandoval Gutiérrez.
El cuento, en sus orígenes, es una variante de la tradición oral dentro de la historia de la literatura y la comunicación en general. De ella continua nutriéndo
se en su afán por dar cuenta del impacto humano y estético que provoca un acontecimiento o un personaje.
En el intento por eternizar ese instante, sin embargo, el creador trasciende los límites de lo inefable a través de la ficción y la imagen. Sin lo anterior, el cuento no sería tal y sólo estaríamos ante la narración forense de un hecho más o menos impactante, que por lo mismo no acompañaría al lector en la instalación de ese mundo tan propio y específico que el cuento, desde su registro único, nos plantea.

Detener un instante el flujo de la realidad o los sueños, mediante una imagen o un personaje para intentar convertirlo en parte del paisaje humano y literario que habita cada autor, es la posibilidad más inmediata que nos ofrece el cuento como género literario.
Ernest Hemingway a través de una analogía de raíz boxeril, definía el cuento como una “victoria por nocaut”, en tanto la novela vendría a ser una “victoria por puntos”.

El cuento pretende eternizar un momento asumido y expresado como portador de una densidad existencial única e irrepetible, que por lo mismo, implica para cada lector una posibilidad de encuentro grávido de consecuencias múltiples e inesperadas.
Transitan por estas páginas no sólo personajes reconocibles en la geografía cotidiana de las calles y rincones que habitan el autor y sus fantasmas, sino también emociones y sentimientos a través de los cuales la humanidad asoma en todos sus matices contradictorios de grandeza y pequeñez, de abandono y esperanza, de partidas y regresos…en fin, de todo aquello que también forma parte de nuestra propia biografía.

Ricardo Laguna nos propone reconstruir, desde estos relatos, espacios de vida o ficción insustituibles a la hora de mirarnos a nosotros mismos.

Lo hace desde los laberintos, o quizás más bien toboganes, que el ser humano suele confundir con la mente o el raciocinio.

Los personajes de “Ficha Clínica” transitan por veredas sinuosas y resbaladizas, proclives al aislamiento o al delirio, se nutren de sí mismos para sobrevivir a los demás.

Mutilados de guerra, suicidas potenciales, asesinos insomnes, una sicóloga confundida…en fin, toda esa carne de diván, desfila con desfachatez en estos relatos. Es la desfachatez que les otorga el único modo que han descubierto para sobrevivir y sobrellevar la normalidad del dinero plástico, los autos, la ropa y los celulares pagados a plazo.

La locura es el único modo de estar cuerdo nos recordó en alguna oportunidad Nietzche. Sabía bien de lo que hablaba.
Laguna nos invita a sumergirnos en estas páginas con la certeza de que ellas ocultan mucho más de lo que muestran a la hora de los secretos compartidos y las heridas vueltas a lamer.

Sus personajes no buscan redención ni cura.

Simplemente buscan incomodar desde su propia orilla del camino.

Son algo así como elefantes en una cristalería fina, atendida por un señor flemático, delgado y borracho al borde de la vida.

Estos cuentos de marginalidades y marginales podrían perfectamente ser la carta de identidad de seres que reclaman vigencia o de vendedores de espejos a la salida de un templo, un bar o un café con piernas…cada cual elige.






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